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Ultrafondismo extremo, una historia de simbiosis y salud por contar - Isabel Aguilar

Los beneficios que trae la práctica deportiva indudablemente son enormes y cada deportista le dará mayor prioridad a los que considere más importante. Para mí el mayor beneficio que he obtenido con la práctica del ultra fondismo extremo ha sido conseguir una mayor salud no solo física sino muy especialmente desde el punto de vista emocional. Por ejemplo, me ayudo a alejarme de las enfermedades y de mis fantasmas.


historias de carrerasFoto 1. Sonriendole a la vida y a la adversidad

Y es que ha sido un recorrido terriblemente complicado el que me impuso mi lesión de mielitis transversa que se me desencadeno hace mas de 8 anos. Un embarazo de alto riesgo, queriéndome abortar médicos irresponsables a los 7 meses, no solo en  Venezuela sino también en Colombia, porque descubrieron que mi bebe venia con una malformación cardiaca severa. Después de la cesare en la sala de recuperación se desencadeno la mielitis transversa severa, lesión que se caracteriza por producir una inflamación severa en la medula espinal a la altura de las vertebras L2-l5. En términos de secuelas presente dificultad para caminar, perdida del movimiento y sensibilidad de la cintura para abajo, pérdida del control de esfínteres, problemas de equilibrio, concentración y memoria, que en una matemática pura con dos posgrados en matemáticas y uno en transporte.

Al nacer mi bebe requirió de marcapasos y de varias cirugías adicionales. Llegue a verlo a la Unidad de Cuidados Intensivos  (UCI) en sillas de ruedas, y como maldeci mi condición. Cuando algún bebe se complicaba en la UCI, sacaban a todas las visitas menos a mi porque no me podía desplazar. Me toco presenciar cirugías, drenajes, ver manejo de paros cardiorespiratorios y cuanta otra cosa más, por el simple hecho de no poder caminar. Un día mi hijo se complico muchísimo a un punto en que el personal médico de la UCI dejo de atenderlo como lo había estado haciendo. Arrastrando la pierna fui con el médico encargado y le exigí que me dijera si Luis Fernando estaba desahuciado, me confirmo esto, como loca me dirigí hacia su camita, al llegar empecé a desconectarle todos los soportes que tenia, el doctor me alcanzo y me dijo que si eso quería respetaría mi decisión pero que le dejara uno de los soportes pues sin estos Luis Fernando sentiría que se ahogaba.

Presencie la muerte de mi bebe y junto con mi esposo comenzamos a quitarle el suero y otros soportes, la enfermera me dijo “apenas ustedes se fueron el bebe se puso muy inquieto empezó a buscarlos y a voltear insistentemente”, cuanto me atormento esta frase, cuanto he lamentado el haberme ido. Siempre quise cargarlo, tenerlo en mi regazo, poderlo acariciar y besar, pero tenía tanto soporte que temor me daba lastimarlo. Cuando murió y habiéndole retirado los soportes médicos con que permaneció, pude cargarlo como tanto lo necesitaba. 

Donamos el marcapasos y lo acompañe cuando se lo retiraron. Lo cargue hasta en la funeraria, al día siguiente entre con él en brazos a la iglesia donde seria la cremación, no lo solté un solo momento, permanecía en mis brazos. Cuando me pidieron que lo entregara para que iniciara la cremación me negué, me pararon frente a una puerta y al abrirse las llamas del horno me aterraron, no quería depositar su pequeño cuerpecito en aquellos rodillos que lo conducirían a las llamas, si, unas llamas espantosas que se encargarían de devorarlo.

Murió y comenzó mi infierno, las llamas fueron el inicio. Después de que fue cremado enfrente días incontables de terrible depresión, de culpas, culpas y más culpas. Cuanto me cuestione si debía continuar o si debía acompañarlo, pensé que optaría por lo segundo, si, me asuste muchísimo.

Cuando programaron la cesárea de Luis Fernando pedí que no me sedara a un punto en que olvidara su primer llanto, me sedaron y durante unos días no logre recordar cómo había sido su primer llanto.

Murió, decidí continuar con mi terapia en casa para aminorar las secuelas de la mielitis transversa. Varias semanas tuve que usar panal, desplazándome en la silla de ruedas. Pero sí que es terca Isabel, seguí al pie de la letra las indicaciones médicas y la terapia. Después de un tiempo empecé a caminar con un soporte de 4 patas y luego un bastón. Patético espectáculo ese de intentar desplazarme arrastrando la pierna, balanceándome como araña atropellada, con serias dificultades para bajar y subir escalones, pero esta es mi naturaleza, nunca desistir, y pese a todo ese espantoso dolor por la muerte de mi bebe seguí con mi terapia.

Que sorprendente, deje el bastón, retome el gimnasio con un programa rigurosamente guiado de fortalecimiento, cojeando. Pasaron unos meses y empecé a correr incluso a entrenar en Monserrate. 

Un día ocurrió lo inesperado, entrenando en ascenso escuche un llanto tan claro y fuerte, sabía que era el de mi bebe al nacer, no había la menor duda, había retornado ese recuerdo tan anhelado de escuchar su primer llanto. Me impacto tanto escuchar su llanto que termine llorando descontrolada. Los días siguientes pasó lo mismo, entonces este fue el preciso momento en que entendí que finalmente se estaba haciendo presente mi bebe, que la simbiosis madre-hijo era irrompible y que permanentemente me acompañaría. Con el tiempo aprendí que su llanto, su olor, la calidez de su piel estaba más que presente, que era lo único con lo que me había quedado, así que debería aprender a convivir con eso.

Pero que curiosa y caprichosa es la vida, yo seguía fortaleciéndome y realizando trabajo cardiovascular, incluso comencé a participar en pequeñas carreras de 5, 10, 15, 21 km. Mis doctores me dijeron muchas veces, “no seas terca y obsesiva este deporte no es para ti, siempre tendrás problemas, busca otra alternativa de ejercitación”, bueno, menos mal que no me dijeron que me dedicara a bordar.

Desde hace mas de 11 anos me he venido entrenado en un Centro de Rehabilitación y Medicina Deportiva, llamado AF Personal GYM, que en algún momento dependía directamente de Colsanitas. En este gimnasio conocí a un entrenador llamado Alberto Beltrán quien trabaja desde hace varios años en Europa con deportistas elite y profesionales de atletismo, canotaje, ciclismo, y que en Colombia ha manejado a atletas de Porvenir, a ciclista del equipo UNE, a patinadores de la selección colombiana, a muchos deportistas elite de varias partes del mundo. Con incertidumbre me acerque a él para pedirle que me entrenara para mi primer maratón en España. No es fácil explicar la cara de sorpresa con que recibió mi propuesta. Concluí mi primer maratón en Madrid-España hace 7 anos, y luego vendrían otras media maratones y maratones en tantos otros países, Italia, Estados Unidos, Canadá, México, Panamá, Argentina, Brasil, Chile, África. 

De todas mis maratones es especial el de Roma. Llegue muy contenta al Circo Romano donde daría inicio la carrera, pero hubo cambio de horario y llegue una hora después de que había iniciado. Adicionalmente me mandaron a la carrera recreacional y en el km 4 me doy cuenta de que estaba equivocada, me regrese a la partida del maratón y pese a ser la última participante nuca desfallecí. Termine corriendo más de 50 km y esta ha sido la carrera en que tuve la mejor marca de maratón. Aquí dio inicio mi aventura hacia el ultrafondismo. 


Foto 2. Foto con mi entrenador el Dr. Alberto Beltrán

Continuo entrenándome el Dr. Beltrán a quien siempre le propuse carreras, todas me fueron autorizadas. Grandiosas las rutinas de entreno, indicaciones perfectas. Sorpréndete, sorprendente lo que me ocurrió durante una de los entrenos de fondo previos a un maratón. Un día entre a un momento de terrible cansancio, a eso que yo le he dado por llamar la zona gris de la fatiga, muchísimo cansancio, entonces sentí claramente el llanto y olor de mi bebe, pero a diferencia de cuando me paso esto subiendo a Monserrate, su presencia me dio una total serenidad, me sentí en total tranquilidad conmigo misma, desapareció el cansancio, y por un breve instante, sentí que corría con Luis Fernando tomada de la mano. A partir de este día no ha dejado de abandonarme, siempre aparece cuando experimento cansancio extremo, y después sin problema logro superar la zona de fatiga. Que maravilloso encuentro, corro, corro.

Un día le pedí a mi entrenador que me preparara para los 100 km del Sahara edición 2007, al principio se negó pero viendo resultados de pruebas de esfuerzo, análisis clínicos y desempeño autorizo mi participación. Quedamos mas que complacidos con los resultados, mención especial. Lugo vendrían otros maratones y otras carreras de utradistancia como lo fue mi participación en los 250 km del Desierto de Atacama que organizaRacingThePlanet, la carrera del Cruce de los Andes (tru TV produjo un documental sobre mi), la segunda Travesía de la independencia en Colombia, UNA Copa Extrema de Carreras de Montana. 



Foto 3. Carrera de San Silvestre 


Foto 4. Carrera del Sahara Edicion 2007


Foto 5. Segunda Travesia de la Independencia, Colombia Julio 2010.

Soy lenta corriendo, la secuela de la mielitis transversa me dejo un abalance muscular severo en mi pierna izquierda. Pero para mi entrenador he logrado una adaptación al esfuerzo y exigencia pocas veces es vista. He tenido entrenos de correr de manera continua más de 9 horas y en carrera han sido hasta casi las 14 horas. Mi entrenador ha logrado llevarme a superar cada día mis propia metas de correr, correr, correr y seguir corriendo por días sin experimentar cansancio que me limite, al siguiente día amanezco como si nada. 



Foto 6. Copa extrema de carreras de montaña

Para mí el deporte ha sido el mejor aliado para ahuyentar mis enfermedades, las secuelas de esta mielitis transversa severa de la cual muy pocas, contadísimas personas se recuperan. Los especialistas en esta enfermedad dicen que en Colombia mi caso es único no solo por haber vuelto a caminar, sino por haber logrado incursionar en un deporte tan exigente al que muy pocos se le miden, como lo es el ultrafondismo extremo.

Para mí ha sido mucho más que esto, ha sido mi arma secreta para ayudarme a sanar. Sorprendente que desde hace mas de 8 anos exámenes clínicos para evaluar la mielitis y secuelas han salido limpios, absolutamente limpios. Hay momentos en que la debilidad muscular de mi pierna izquierda comienza su aparición pero no desistimos, continuo con un trabajo riguroso de fortalecimiento con mi fisioterapista en la maquina isocinética. 



Foto 7. Fortalecimiento con maquina Isocinetica, mi fisioterpista Kelly Trigo

En los inicios de la mielitis todos los doctores me decían que era una lesión muy grave, que no me garantizaban que volviera a caminar. Cuando empecé a correr todos salvo mi entrenador me tacharon de loca, nos tacharon de irresponsables, ni decir los comentarios que vertieron cuando comencé a participar en carreras de ultra distancia extremas. Hoy continúa entrenándome el Dr. Alberto Beltrán, continuo fiel en este camino de alejarme de la enfermedad, en este arduo proceso de aprender a convivir con lo que me dejo la muerte, el perfecto aliado es mi entrenador. 

Cuando mi hijo estaba muriendo le jure que yo sería sus ojos, sus piernas, sus sentidos y que aun el no pudiera ver este mundo y recorrerlo, yo sería el medio para que lo consiguiera. Corro porque él se hace presente en entrenos, en cada carrera, pero especialmente corro porque de esta manera lo llevo a conocer el mundo, un mundo que le negó la vida. Esta es la única opción que tengo, esta es la única manera en que podemos estar juntos, mis carreras de ultradistancia son el vínculo perfecto, gozar de una buena salud requisito indispensable. 

Seguiré corriendo, si, corriendo en aquellos lugares extremos. En Noviembre 2011 participare en carrera de los 250 km de Nepal que organizo RacingThePlanet, no será nada fácil, será una carrera muy exigente a la que solo vamos 200 participantes, solo dos latinas, pero sé que Luis Fernando me estará acompañando.

Esta es mi historia, una historia que se forjo a partir de la reconstrucción de mi salud física y mental, mi gran aliado la práctica deportiva, pero ante todo, esta sorprendente simbiosis madre-hijo que hasta la muerte me acompañara. Un día por fin lograremos estar nuevamente juntos. 



Foto 8. Con mi hijo Marco, kartista de 15 años.

 
Isabel Aguilar 

 

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