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Siempre hay para dar un poco más - Raúl Segura Gaitan

El sol lentamente abría sus brazos entres las nubes que toldaban la fría ciudad de Bogotá en el mes de Diciembre del año 2011. Sus rayos cálidos abrazan suavemente mi piel, los edificios y las casas del colorido sector de la Candelaria. La Catedral como siempre imponente, fría, tal vez por los años que ha visto desfilar tanta gente importante: Próceres, políticos,  sindicalistas, turistas, deportistas y en esta ocasión, Yo.  Mi estómago se agitaba, los nervios intentaban ganarme, pero tenia más de mil kilómetros de preparación, sabía que la distancia que nunca la había hecho  en ascenso, no iba a ser fácil, pero mi cuerpo estaba preparado para enfrentar ese reto, además por encima de todo estaba mi Reconocimiento al Dios Padre y la promesa de conocer el Santuario de  la virgen de Guadalupe.

Ya desde los cinco años, que yo recuerde,  siempre Jugué futbol. Estaba sobre los  16 años y en mi preparación para rendir más en la cancha, fuimos un sábado con algunos amigos a la Universidad Nacional, al estadio Alfonso López. Allí existía una vieja pista atlética, en ella se encontraba entrenado un amigo con un club de atletismo, no se porque razón me dio por hacer 100 metros con los chicos que estaban practicando, tal vez por insinuación de mi amigo, lo cierto es que me di cuenta que era muy rápido en la salida y esto me permitía tomar una ventaja difícil de descontar.  Las pocas veces que lo hice, siempre terminaba en los primeros lugares. Nunca supe hacer crecer este don que Dios me dio. No le preste atención, solo atendía el llamado del balón, soñaba gambeteando, atravesando piernas y conquistando las redes del arco contrario. 

Bordeaba los cincuenta años de edad y disfrutaba plenamente de seguir jugando  futbol, pues la verdad dicha, lo hacia bien. Debido a los continuos golpes y hematomas que sufría por personas que no deberían jugar nunca en el futbol, mis músculos se hallaban demasiado traumatizados; en cualquier lesión demoraba  meses para recuperarme, el médico ya me había llamado la atención al respecto y me había sugerido dejar el futbol y hacer otro tipo de deporte. Mi pensamiento era que jamás, por encima de todo, nunca lo iba a dejar. Yo iba a ganar la batalla. Cualquier día, con el deseo de disfrutar del balón, de su majestad el gol, decidí jugar en una recochita,  una pisada en falso y mi pie izquierdo se volteo, así fue la última lesión, esguince de tobillo. Cuando el ortopedista observó la radiografía en tono bufón me dijo: 

- Raúl, la artrosis que presenta nos impide  colocar yeso. Vamos a colocar vendas y desinflamantes y a esperar que te recuperes. Luego podrás hacer deporte: Parqués, ajedrez, damas chinas, cartas, futbol –dejo salir su risa sarcástica  ¡Pero en Play Station…!

No sabía que me dolía más, sí mi pie inflamado, morado - era tal el estado critico, que no podía ni tocar el piso -  o la risa del especialista, porque de lo que si sabia que perforaba mi alma, que rompía mi corazón como un cristal al ser golpeado, era saber que no podía volver a jugar futbol. Los pensamientos me absorbían por completo. Solo le pedía a Dios que pudiese seguir haciéndolo hasta el último segundo del tiempo. Después de múltiples visitas a sobanderos, fisiatras y magos entre tantos. Finalmente para el 31 de diciembre a las 10.am se me otorgó una cita con el Ortopedista deportólogo Dr. Quiñones, quien me   escucho atentamente, luego observó detenidamente la radiografía de mi pie izquierdo y me dijo: 

– No te preocupes, no es nada especial, simplemente tienes inflamado el ligamento que está ubicado debajo del tobillo interno, por la artrosis y con algún contacto, el dolor que es muy fuerte, se irradia recorriendo el empeine, impidiendo totalmente apoyar el pie. Vamos a colocar un desinflamante directamente en el ligamento, muy poderoso y podrás volver hacer tu actividad física, con algunas precauciones.

El nueve de enero del año 2006 en una de tantas playas hermosas que tiene el Parque Tayrona, estaba trotando a paso lento pero seguro, mis pies se deslizaban como maquinas poderosas sobre la arena caliente, los pulmones se ensanchaban con el viento húmedo de la mañana, mi cuerpo se bañaba en sudor y mi corazón latía a 170 fpm. Sí, estaba trotando, corriendo, corriendo…! Gracias al Padre maravilloso ¡ Era una nueva oportunidad. Así, animado nuevamente y con una visión diferente de mi vida deportiva,  entregué mi corazón al Padre creador y puse en sus manos  mis piernas. Mi vida se iniciaba en el atletismo.

Entonces decidí salir a trotar para fortalecer mi cuerpo, mis músculos, venciendo el dictamen médico, pero esta vez con la película clara, lo más importante, a fortalecer  mi alma para gloria y alabanza del Señor. Inicie dando diez vueltas a la manzana, luego hice un recorrido mucho más largo en el barrio hasta completar treinta minutos, meses después hacia el recorrido y lo complementaba con ejercicios de estiramiento y de fuerza, y como la respuesta de mi organismo era excelente, me di cuenta que podía hacer mucho más kilometraje corriendo. Inicie con 5K fui aumentando poco a poco hasta llegar a realizar entrenamiento diario de 10K.  Cada día disfrutaba más, el paisaje, la sensación de libertad, el sudor deslizándose por mi cuerpo, la música de los pajarillos, la tranquilidad y lo más interesante, comprender que en cada paso, en cada piedra, en cada flor, en el brillo suave o fulgurante del sol, en la armonía del silencio de mis pensamientos, en mi esposa, en mis hijos, en mis nietas, ahí estaba Dios.

historias de carrera 2012Nota: Ascenso a Guadalupe Versión 2.011 Puesto 79 tiempo oficial 1.13.46 (Revista Maratón)

En el año 2007, 2008 y 2009 corrí los 10K en la MMB. El mejor tiempo en esta competencia ha sido 50m.  Con el ánimo de seguir avanzando en las distancias largas, para el 2010 participé  en los 21K de la  MMB con un tiempo oficial en el recorrido de 2.5.17. En el 2011 para este recorrido fue 1.55.42 tiempo que me emocionó y motivó a participar en el ascenso a la Torre Colpatria. Entonces enfile toda mi preparación hacia esa prueba que se realizaba el 4 de Diciembre. Por aquellas cosas curiosas de la vida, no pude asistir, pero un compañero me informó que el siguiente domingo, el 11 de diciembre, había una prueba organizada por la Revista Maratón  que salía de la Plaza de Bolívar con llegada en el Santuario de la Virgen de Guadalupe. Sin pensarlo exclame

-¡ Excelente oportunidad !

Creo que me salió del alma. Lleno de agradecimiento por mi superación deportiva, a pesar de los inconvenientes óseos que tengo, pues nunca me han faltado fuerzas, voluntad, salud, tiempo y todo aquello que forma parte de un atleta para realizar su diaria preparación; sumado que a mis 55 años de edad no conocía el Santuario de la Virgen de Guadalupe, creo que era el momento oportuno para Ofrendar a Dios Padre y a la Virgen la realización de esta competencia.

Era una fría mañana cuando Salí de mi apartamento, había poca visibilidad, aún la niebla cubría los techos de las casas. Llegue a las 7:30 am  a la Plaza de Bolívar, ya se encontraban algunos atletas calentando, estirando, otros aplicaban masaje a sus piernas, y uno que otro hacían piquecitos. Cerca de mil participantes partimos a las 8:00 am sobre la calle 11. Los de la Elite arrancaron adelante, abriendo e imponiendo el paso. Los más fuertes trataban de seguirles. Más atrás los veteranos hacíamos grandes esfuerzos para no quedar rezagados. La arrancada, como en toda competencia es dura, la ansiedad nos consume, pero la emoción se impone. Poco a poco se expanden los músculos, esa maravillosa y perfecta maquina, el cuerpo humano, empieza a sincronizar cada uno de los órganos que se necesita para realizar esfuerzo. Se empina el camino, esa calle 11 que muchas veces recorrí para llegar a tiempo a la Universidad de la Sallé, ahora se me hace más empinada, pero las piernas tienen memoria y poco a poco voy devorando los metros.

historias de carrera 2012Nota: Ascenso a Guadalupe Versión 2.011 Puesto 79 tiempo oficial 1.13.46 (Revista Maratón)

Este camino lo conozco. Me impongo, pasamos por atrás de la Universidad. Llegamos a la carrera primera y nos dirigimos hacia la Iglesia de Egipto. Adelante una fila interminable de atletas regados sobre el pavimento. Ya voy sin aliento, miro hacia atrás y veo varios atletas quedados. Me animo nuevamente, se empareja el camino por un momento. Sale la gente de misa y nos aplauden. No me siento bien, se eleva la cuesta poco a poco, no hay ningún punto de referencia. Tal vez es el primer kilometro a lo máximo el segundo. Empiezo a respirar mejor, me regulo y concentradito me digo que lo más duro, que es el inicio, ya paso. Vamos bien. Muchos adelante, muchos, también atrás. El cuerpo ya caliente responde mejor. Mis piernas se deslizan lentamente, pero seguras (así como en la playa), avanzo y poco a poco se van quedando atletas. Observo una chica que lleva una camiseta cómo con una cruz atrás, parece ser una camiseta de Suiza, me pongo el objetivo de alcanzarla, con esfuerzo lo logro. Es bastante Joven. Me pego durante un buen tiempo a ella, quizá no le gusta y aprieta el paso. Me sostengo. No puedo seguirle el paso y me empiezo a quedar. Poco a poco se aleja. No se cuanto kilómetros llevo, es la primera vez que hago este recorrido. Solo tengo en mis manos el poder que me da Dios, mi mente que esta clara  y la decisión de terminar. Nuevamente me regulo, tomo otra vez mi paso, la cuesta ya no me preocupa. Me concentro en el aíre, en el oxigeno, en el verde de los arboles, en los rayos del astro Sol que entra tímidamente por entre el follaje de la naturaleza. Pasan a nuestro lado permanentemente y peligrosamente vehículos que ascienden llevando probablemente peregrinos al Santuario o que se dirigen a la población de Choachi.  Vuelvo a flaquear. Sigo sin saber que kilómetros llevo o cuantos me hacen falta y esto trata de angustiarme. Me relajo, así es una carrera, por momentos bien, por momentos se acentúa el cansancio. Pienso:

-La mente domina el cuerpo, el Espíritu las emociones.

Miro hacia arriba y vuelvo a ver a la chica de la camiseta de Suiza, a mi lado varios atletas, algunos se quedan, me animo y aprieto el paso, la chica cada vez está más cerca. Voy cansando, pero lo demás también, aquí vale es la mente y la preparación, y me siento lucido. Alcanzo a la chica, ya no hay reversa debo seguir adelante y así lo hago. Miro nuevamente hacia arriba, veo pocos atletas, llego al desvío, Choachi a la izquierda, el Santuario a la derecha. El corazón se inflama, muchos peregrinos a la vera del camino se detienen para animarnos, ya no pienso, lo hago por inercia, la meta esta cerca, aunque estos tres kilómetros  son como una pared, mis ganas la acuestan y subo fácil, toda mi energía esta en las piernas, en mis pulmones,! que sensación tan maravillosa¡, solo se que se estoy muy cerca, nada me importa, la gente me observa y me siento como si fuera el campeón, lo que hace que cada vez suba mejor, giro y ahí como premio a mi esfuerzo la virgen con sus brazos abiertos me esta esperando. No se como, pero en mis manos hay una medalla, levanto  mis brazos y se la ofrezco  y ella con su infinita ternura me sonríe…. Creo que estoy alucinando, vuelvo le miro y escucho en mi alma una voz tierna que me dice:

-Bien Raúl, siempre, siempre hay para dar un poco más.


Raúl Segura Gaitan

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