Dedicado a:
MI TIA ROSA MARÍA VIVIESCAS BOHÓRQUEZ (q.e.p.d.) por quien me convertí en una atleta de alto rendimiento y quien se ha convertido en mi Angel de la Guarda.

teresa2014-02Después de cuatro arduos e ininterrumpidos años de preparación mental, física y espiritual, y de haber ocupado destacadas posiciones a nivel regional, departamental y nacional en tan exigente disciplina deportiva como lo es el atletismo, tomo la decisión de enfrentarme al más grande de mis retos en ascenso vertical y me dije: "ESTOY LISTA PARA SUBIR LA TORRE COLPATRIA". Consciente de la gran exigencia mental y física que implicaba una experiencia de esta magnitud, opté por sacar bajo mi manga la mayor Arma: MI CONFIANZA. Fue entonces como emprendo un largo viaje superando grandes obstáculos que a medida del transcurrir del tiempo fueron superados con gran facilidad.

Hermosas luces navideñas; ires, venires en la gran ciudad, intentaban amedrantarme sin lograrlo en ningún momento, pues hicieron brotar en mí una gran risa de triunfo sin haber empezado mi hazaña. Queriendo darle un sentido diferente a tan cálida fecha de velitas, tomo rumbo a Cajicá a correr otro evento deportivo, superando una vez más las inclemencias de altura, frío y pormenores, a los que decidí sonreírles sin temor alguno. Llegada la noche me refugié en una elegante suite, donde el calor de aquel lugar adornaba el entorno de la noche previa a tan majestuoso desafío. Lágrimas brotaban por mi rostro, producto del encuentro a solas conmigo misma, acompañaban mi momento una exquisita música, yo albergada en aquella suite como toda una princesa, quedo dormida soñando con tan anhelando momento.

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Ha llegado el gran día. Confundida entre la multitud, voy en búsqueda de mi número; latente el calor en mi cuerpo y la energía inapagable en una diminuta mujer, humilde y sencilla, inicia mi primera etapa, la del calentamiento previo.

-“¡Al escuchar el pito salen¡”” – a lo lejos decía el guía. En grupos de 10 mujeres íbamos aproximándonos al punto de partida; estaba mi alma totalmente anestesiada, no sentía frío, ni miedo, ni ansiedad, sólo la más transparente y exquisita paz espiritual, sensación jamás sentida en mi existencia. ¡Listo¡, sonó el pitazo, ¡ustedes pueden! escuchaba de un lado y otro esas frases; respiros agitados, expresiones de cansancio, angustia, sonrisas, gritos, yo ahí fuerte, tranquila, segura, FELIZ. Mi corazón me hablaba, me decía tengo miedo, ¿podrás? Yo le dije: Ten calma, soltaré mis manos y tú me darás vida. ¡Si se puede! Muchas veces escuchaba, están a cuatro pisos, sentí emoción y aparecieron mis endorfinas: Vamos! has llegado, ahora corre y llora de felicidad.

Fueron los diez minutos más edificantes de mi vida, lo había logrado, comprendiendo una vez más que la fortaleza mental es lo más difícil de lograr por muchos atletas. Abajo me esperaban mis patrocinadores, los creadores de esta extraordinaria mujer, por quienes día a día lucho por dar lo mejor de mí, allí estaban, lloré al verlos: DIOS Y LA VIRGEN. Hoy soy inmensamente FELIZ.

Maria Teresa Sanchéz