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Una experiencia que marcó mi vida - Edgar Javier Huertas

Quiero compartir la historia de mi vida deportiva, les contare como empecé a correr fue por acompañar a dos locos, los cuales salían todas las tardes, se reunían en la esquina donde yo trabajaba, se apuntalaban de la casa queriéndola empujar, se jalaban los brazos hacia delante y hacia tras sus piernas de igual manera, hacían una especie de ritos al saltar y dar vueltas en el mismo lugar, luego salían corriendo sin parar.

  edgarjh2014-01Un día me dijeron, Javier Veni, vamos a correr, sin dudar ni titubear les respondí: ni que estuviera loco, en esos días lo que a mí me gustaba era tomar y parrandear sin pensar en el daño que me causaba a mi como a mi núcleo familiar pero ellos me insistieron día tras día, hasta que un día ,de tanta insistencia me anime y les dije listo, espérenme y salí pensando que tan difícil no puede ser.

Al terminar el entreno de ese día luego de haber parado no sé si cada 100 o  200 metros a tomar aire y agua me llamo la atención porque no era tan fácil como parecía y seguí saliendo lo cual me motivo para alejarme de los malos pasos del trago, que hasta ese entonces había adquirido, porque conocí mucha gente que vivía sin tomar lo que para mí casi era imposible dejarlo de hacer, al menos por un mes fue difícil, lo acepto, y duro, pero luego de mucho tiempo y dando gracias a DIOS que me ilumino colocándome en este camino del deporte había logrado lo que no creía que podía lograr, que era nunca más tomar, ya era un deportista, la gente me reconocía como tal, eso ya para mí era triunfar, pero venía lo mejor y era a lo que yo me quería enfrentar, yo ya  me sentía convencido de que era ya un buen corredor porque el recorrido que, en un tiempo lo hacía parando cada 100 o 200 metros, lo hacía sin parar. Apareció en mi vida la cual sería la primera vez  que participaba en una competencia atlética, algo fácil pensé. Fui a inscribirme y listo dije después de todo si gano me van a pagar por algo que ya me gustaba hacer. 

Llego el día de la carrera llamada “Marista “organizada por una prestigiosa institución educativa  en la ciudad de Ipiales (NARIÑO). Fue el  9 de mayo de 1998, de un soleado día sábado. Siendo las 4:28 de la tarde, nos llamaron para colocarnos en la línea de partida, minutos antes ya había ido al baño como 15 veces, no sé por qué pero fui al baño ese día mas que todas las veces en la semana, tenía en mi pecho el numero 260, me temblaba todo el cuerpo.edgarjh2014-01

Dieron el anuncio de salida, no sabía cómo correr, si duro o despacio como algunos me habían aconsejado pero sin premeditarlo salí duro entre los primeros sin pensar que eso me iba a costar más tarde.  Un amigo me dijo voz fresco yo te acompaño en la bicicleta y eso me dio confianza, me dije mirándolo de reojo, si me canso el me lleva y listo. Deje de temblar, pensé: "a este ritmo voy bien", y seguían trascurriendo los metros, cogí confianza, me sentía bien pero minutos después paso lo que a nadie le desearía a nadie: un agotamiento, una desesperación, un  cansancio. Mi amigo estaba conmigo, él cargaba mi maletín con todas mis pertenencias y  comenzó el verdadero desafío, la gente corría a una velocidad impresionante y yo a medida que pasaba el tiempo, me angustiaba más y más porque mi cuerpo se cansaba, mi respiración me faltaba, me sentía morir, pero me dí cuenta que tenía a mi lado a un amigo quien dijo acompañarme durante toda la carrera en su bicicleta y me dije, corro otra cuadra y le digo que me duele el estómago y que me lleve y listo.

edgarjh2014-01Lo miraba a él a medida que pasaban los metros, mi amigo me miro y me dijo “bueno, vos llegás, en la llegada te espero”, sin pensarlo dos veces aceleró su bicicleta y se fue, yo con el aliento que llevaba no podía ni respirar bien, mucho menos gritarlo. Solo pensaba, ojala sea broma y en la otra cuadra me espere para subirme, cosa que nunca paso. Cuadra a cuadra añoraba ver la bicicleta, ya habían pasado tantas cuadras como tiempo.

En ese momento comencé a maldecirlo, pero igual tenía que seguir porque no tenía nada de dinero ni de ropa y la única opción era llegar a la meta. Hasta que llegué finalmentel, puesto 164 a los 58 minutos con 10 segundos en 10k, cogí mi ropa, me cambie con la poca fuerza que tenía sintiendome el hombre más fuerte y valiente del mundo por haber logrado tan extenuante hazaña la cual cambio mi vida para siempre porque desde esa carrera hasta hoy no he dejado de correr en cuanta competencia se me ha sido posible participar y entre más dura o larga sea siento morir en el transcurso de ella, pero quiero que lo intenten porque con palabras no les puedo expresar la satisfacción y felicidad tan inmensa que se siente al cruzar la meta, y qué sería de mi si ese amigo no me dejaba y aceleraba su bicicleta.

Ahora entiendo porqué mis amigos empujaban las paredes, se jalaban los brazos y hacían ritos los cuales ahora los hago yo con mucho amor y orgullo porque descubrí en esto mi pasión la cual quiero transmitir a mi hija, que no había nacido en ese momento y ahora es mi razón de ser, mi compañera de aventuras y mi corazón.

Edgar Javier Huertas

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