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Ultra Trail: No tengo fuerzas para rendirme - Ricardo Rodriguez

A las seis de la mañana del ventitres de noviembre de dos mil catorce empieza el Endurance Challenge The North Face 2014 Bogotá, 50km. Unas sesenta personas me acompañaban en esa salida, y yo cargado con golosinas, cortaviento, hidratación y bocadillos salía de primero con la bandera de Venezuela en la cintura y mucha alegría a enfrentarme a una espectacular carrera de montaña contra excelentes corredores, sin saber que unas horas después estaría al límite de mis capacidades físicas...

rrodriguez2014-02Pero vayamos 18 meses atrás apróximadamente, o lo que es igual a unos miles de kilómetros entrenados más atrás donde yo ni sabía que se corría en la montaña y empezaba a recuperarme de una lesión de rodilla que me duró ocho años. Siempre me gustó correr porque me relaja y me mantiene en buenas condiciones físicas, aunque siempre quiero ser más rápido. Comencé a trotar despacio a mitad del 2013, corría unas dos veces por semana y así conocí a otros corredores que me hablaron de carreras en montaña y parecían muy interesantes. Me inscribí en mi primer trail a los 5 meses de volver a correr, eran 24km muy variados que sirvieron para enamorarme de los trail. Como en esa carrera tuve un resultado aceptable empecé a entrenar más y seguí inscribiéndome en otras carreras donde logré siempre estar entre los primeros 20 lugares.

En diciembre de 2013 me enamoré de una carrera en Venezuela, 57km en la Gran Sabana (Ultra Trail Tanno Tuy). Nunca había corrido más de 30km por lo que entrené con mucha disciplina 6 veces por semana en pista, asfalto y montaña durante unos cinco meses (competía en junio). La competencia fue dura pero logré entrar de 6to en la general luego de correr casi 7 horas.

Al terminar esa competencia, a pesar de tener un buen resultado, supe que debía entrenar mucho más para afrontar el siguiente gran reto del año al cual ya estaba inscrito: el Endurance Challenge The North Face 2014 Bogotá, 50km. Era menos distancia, pero las condiciones de altura, frío y desnivel nunca las había afrontado. Luego de un buen reposo de la competencia anterior comencé a entrenar otra vez cuatro meses antes de la competencia con la misma disciplina pero con más intensidad en los entrenamientos. Mi novia me apoyó mucho en ello, me animaba cuando quería desistir, cuidaba totalmente mi alimentación y me recibía con un beso y un abrazo luego de cada entrenamiento. Fueron meses duros, sabiendo que por razones de altura tendría que entrenar el triple para estar en condiciones físicas similares a las que tendrían los otros corredores que acostumbran a vivir en sitios muy altos como Bogotá.

Hice todo el entrenamiento posible en Venezuela hasta una semana antes que mi novia y yo nos vinimos a vivir a Bogotá. Busqué aclimatarme lo más rápido posible ya que era mi mayor preocupación hasta que pospusieron la carrera tres semanas más. Me sentí tranquilo ya que tendría tiempo de aclimatar y entrenar en altura y pensé que no me afectaría eso: no pude estar más equivocado.

La noche antes de la competencia mi novia y yo fuimos a Fusagasugá, sede de la carrera. Comimos, dormimos y a las 3am nos levantamos para revisar todo otra vez, recordar punto a punto la estrategia de carrera organizada con semanas de anticipación y confirmar que tardaría entre 6 y 7 horas en realizarla, luego desayunaríamos e iría a calentar. A las cinco de la mañana todos los corredores preparando sus cosas finales, calentando, compartiendo historias, saludé a un par de amigos luego de calentar y analizaba a los otros corredores tratando de saber cuáles de ellos estarían en mejor condición física que yo. Faltando cinco minutos para la largada entramos al corral de salida; muy nervioso pero muy ilusionado de competir con gente extranjera que me llevarían a dejarlo todo en el terreno.

La carrera comienza a 1700msnm con un ascenso leve pero largo donde todos los que vamos en punta nos vemos preguntándonos quienes aguantarán el ritmo impuesto. Salí muy conservador como en toda competencia de ultra viendo a dos corredores alejarse rápidamente y un grupo como de siete estaba delante de mí unos metros, el ascenso se hizo más pronunciado y adelanté a varios de ellos. En el kilómetro 9 estaba de 6to lugar, cumpliendo el tiempo que me había pronósticado y sintiéndome muy bien, pero desde allí todo cambiaría:
El terreno que hasta ese momento fueron carreteras de tierra o pavimentadas se convirtió en sendero lodoso donde si pisabas mal te hundías unos cm en el barro. El ascenso continuaba y seguí a buen ritmo pero comenzaba a ver que no aguantaría así los 28km de ascenso por lo que bajé el paso ya que no tenía a nadie detrás. A los minutos veo acercarse unos corredores y me enfrentaba al dilema de subir el paso y agotarme más o mantener ese ritmo y dejarlos pasar: decidí dejarlos pasar y alcanzarlos en el descenso que se me da bien. El terreno se puso más fangoso e intercalaba ascensos y descensos ligeros por lo que me adelantaban y los adelantaba constantemente durante un par de kilómetros hasta que el ascenso constante volvió y se alejaron de mí.

Cuando ya habían transcurrido dos horas y media y calculaba que llevaría como mínimo unos 20km recorridos y solo faltarían 8km de ascenso para empezar a bajar, me informan que viene el ascenso más fuerte de la carrera: ¡ubicado apenas en el kilómetro 16! Había hecho 7km en 90min y me sentía agotado. No podía creer que hubiera bajado tanto el paso si mis piernas estaban cansadas y mi respiración empezaba a complicarse con la altura. Fueron 4km de duro ascenso lleno de barro imposibles de correr con escalones que llegaban a mi cintura: Mis piernas sufrían mucho, mi pecho muy agitado y mi cabeza con un solo pensamiento: retirate.rrodriguez2014-01

Nunca había pensado en renunciar. Nunca creí que algo que disfrutaba mucho me llevara a tal punto de dolor y sufrimiento. En otras carreras y en varios entrenos uno siente dolor por el esfuerzo físico, por dar ese punto extra, y uno lo acepta y lo soporta; pero en ese momento el dolor había ido muy lejos y al pensar que no había llegado ni a la mitad de la carrera todo apuntaba a retirarme. Cientos de excusas vinieron a mi mente, decenas de razones para quedarme allí, pero decidí seguir, me dije que me retiraba en el km20 cuando llegara al puesto de control y de esa forma continué. Sufrí un poco más y alcancé el siguiente punto de control donde me dicen que voy en la posición 11. Eso me anima un poco, comí, me hidraté y sigo corriendo. El terreno mejoró un poco pero no por mucho tiempo ya que volvimos al lodo cada vez peor con las piernas agotadas y a mayor altura. Pisar mal equivalía a hundirse 30 o 60cm en el fango y usar la poca fuerza restante para sacar la pierna de allí. Como en el kilómetro 24 mi rodilla lesionada nueve años atrás empieza a doler, improviso un bendaje para calmar el dolor con poco éxito lo que me trae de vuelta el pensamiento de retirarme nuevamente. Pero como ya llevaba media carrera hecha y el paisaje en ese punto (3700msnm) era hermoso, es más fácil sacar ese pensamiento y trato de mantener el ritmo que me había impuesto disfrutando de la vista y así adelanto a dos corredores en el camino. Y luego de 6horas llego al punto de control 3 donde confirmo que estoy de noveno.

Muy agotado, con dolor en la rodilla, y faltando unos 20km más me tiro en el piso viendo como todo mi pronóstico de tiempo se había esfumado y nunca terminaría en 7 horas como creía. Los asistentes del punto de control me animan diciendo que voy bien que lo que queda es bajada. Me pongo en pie, como algo de lo que me ofrecían y sigo mi ruta recordando “bajo muy bien, puedo adelantar a otros corredores”, pero para mi sorpresa el descenso es excesivamente técnico y mis piernas ya no respondían como quería y al pisar mal mi rodilla lanzaba puntadas de dolor por lo que comencé a desesperarme y sentirme muy mal conmigo mismo: comencé a pensar “qué me faltó en los entrenamientos”, “debí entrenar más fuerte”, es una carrera muy dura y que aunque estaba preparado para una carrera difícil no imaginé que lo sería tanto y que mis piernas no pudieran más y no me dejaran bajar con la rapidez que quería. Me dieron ganas de llorar allí, solo, impotente conmigo mismo, sintiendo que no sirvo para carreras de montaña, que deje de competir y me dedique solo a disfrutar las salidas de los domingos.

En ese momento de desesperación y de caos interno ya no quería correr. Pero recordé a mi familia que esperaba noticias mías en Venezuela, a mis amigos de entrenamiento que me dieron mucho ánimo, a mi entrenador que siempre me presionó un poco más porque sabe que podía darlo, y recuerdo a mi novia que siempre me esperó al finalizar cada entreno con su sonrisa y que estaba esperándome una vez más, allí, a unos 18km de donde yo estaba. Eso me devolvió la fuerza, ya que no podía quedarles mal a ninguno de los anteriores. Aguanté el dolor y seguí mi camino a un ritmo suave pero seguro. En el kilómetro 35 me dicen que tengo un corredor delante que pasó 15min antes que yo y me provoca alcanzarlo y aumento el ritmo a lo máximo que soportaba y en el que pudiera cubrir los 15km restantes. Llego al último punto de control en el kilómetro 40 y me dicen que está a 18min por lo que desisto de alcanzarlo y ya solo me mentalizo en terminar mi carrera en la novena posición. Fueron 10km largos, siempre decían que quedaba menos de lo que en verdad era y ya en esos momentos había perdido toda referencia de distancia, ritmo y tiempo. Los últimos cinco kilómetros, “duele pero tú puedes”; los últimos dos kilómetros, “falta poco tú puedes”; el último kilómetro, “ya casi llegas no pares”; y en los últimos metros cuando ya no podía más, con la bandera de Venezuela en la cintura, lleno de barro, con hambre, una rodilla bendada, agotado excesivamente pero viendo que la gente me aplaudía y escuchaba mi número en el altavoz felicitándome por terminar pensé “ellos no tienen idea del infierno que he vivido” y las ganas de llorar volvieron con más intensidad. Me tomaban fotos y yo solo quería abrazar a mi novia y dar por concluida esa carrera. Ella me esperaba luego de recibir mi medalla y al abrazarla pude llorar y soltar todo el dolor físico y mental contenido por tantas horas y me fui al piso, ya no soportaba estar de pie.

En total mi tiempo fue de 9horas (muy por encima de lo que planteé) y quedé de noveno en la general. Me dieron un masaje con hielo y me ayudaron a estirar, luego comer e hidratarme bien. Supe luego que terminaron menos de 30 personas, muchos se retiraron o no pasaron el punto de control.

Mi motivación para esa carrera era medirme internacionalmente, y aunque no logré el podio que quería estoy muy orgulloso de no rendirme y de dejarlo todo en el terreno. Al finalizar no quería saber nada de competencias, pero al día siguiente ya estaba pensando en hacer 80km el próximo año. Porque la vida es como una carrera de larga duración, a veces queremos rendirnos pero siempre hay que empujar un poco más hasta lograr nuestras metas sacando fuerzas incluso de donde no existan.

Luego de un merecido descanso volveré a correr ya que necesito ser más fuerte y rápido en la siguiente competencia que enfrente. Mi novia sigue conmigo acá en Colombia y estoy seguro que me seguirá esperando con su linda sonrisa luego de cada entrenamiento.


Ricardo Rodriguez

 

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