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k42 Campeonato nacional de peladera de diente - Daniel Rojas

  • Categoría: Noticias

¡CALI! 
Ahhhh... Cómo me encanta ir a esa ciudad, pero no es por la ciudad en sí (valga aclarar que la que más quiero es Medellín, pues soy de allá), sino es por la gente que la habita, pa mi parecer, la gente más bacana y bonita de Colombia, que hacen que uno vuelva por más y hasta piense en querer quedarse para siempre.

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Hay algo muy curioso, cuando a mi cuerpo le dicen: ¡CALI! es como si se me saltara un taco, ese del grupo Niche y Guayacán orquesta, y las caderas se empezaran a contonear, los pies a zapatiar y las manos a sacudirse de arriba a abajo; hasta se me olvida que el rock existe y, mientras voy caminando ese corredor largo del aeropuerto El Dorado pa ubicarme en la sala a esperar el llamado de mi vuelo, voy escuchando lo más caleño que tengo en mi "Playlist" que es la "Salsa" de la agrupación bogotana La 33 "Mi soledad", que por lo menos el cantante siempre sale en sus videos con una camiseta de la agrupación de rock setentero "Los Ramones" que fue lo que inicialmente me llamó la atención, pues igual soy criado en la capital y mi influencia musical es de adolescente anarquista -que no se me ha quitado-, pero que en esta ocasión y llegada la edad del Master A, he encontrado que no haber dado chance en la "infancia" a conocer algo más, me tiene hoy sumergido en el cuarto oscuro de los que no sabemos bailar, aunque no me importa, pues en ese largo recorrido (del corredor del aeropuerto) bailé la "salsa" que en mi mente se sentía muy profesional, pero en la realidad noté a la gente como alborotada buscando los paramédicos, pues pensaban que me estaba dando un ataque de epilepsia, pero total, aghh... fui feliz, bailar así no sepa, saber que me iba pa ¡CALI! (Volví a menear el trasero) y que además iba a correr sobre una de las emblemáticas montañas: Los Farallones, no tiene precio y menos pa mi alegría.

Ya sentao otra vez en el halcón de acero, silla 9A, ventanilla derecha, despega sus ruedas de la tierra, dejando ver una ciudad gigante taponada por muchas nubes muy grises, presagio de mal clima, pero que al ganar altura y traspasar toda la turbulencia entreabrió un cielo azul profundo, abajo un colchón inmenso de algodón y al fondo la mejor sorpresa del día: un hueco en los cielos traspasados por mis hermosos nevados del Tolima y el Ruiz, se alcanzaba a ver también el Paramillo del Quindío y estaba blanco de la nieve que ha caído en estos últimos tiempos, de la cual había sido testigo en cuerpo presencial hace apenas 8 días (Ultra Trail Parque de los Nevados); cuánto podré amar esa imagen, yo creo que mi cara desde afuera se veía como la de perro de rico: aplastando la nariz contra la ventana, igual soy montañero a mucho honor.

Desde chiquitín lo he declarado y así será: "si hoy veo los nevados, hoy será un día de muy buena suerte" y así fue, pues desde que toqué suelo valluno empezaron los saludos de todos los amigos que ha dejado el andar por esas tierras, y no siendo más importantes unos que otros, todos brindando esa hospitalidad, alegría y cariño fraternal, tan único, haciendo del transcurrir de los minutos un sendero de sonrisas y bienestar, que se robó mi corazón haciendo meditar la posibilidad de querer vivir más cerca del azúcar.

3, 2, 1... ¡nos fuimos! Qué alboroto el que hay por la vereda la Vorágine, y no es para menos pues éramos 1200 competidores, 5:47 am, ya habían salido los gladiadores de la distancia de 42 kilómetros y ahora era nuestro turno, los de 21 kilómetros, rumbo a lo desconocido. Jugaba de visitante, había ojeado la altimetría y había asistido al congresillo técnico, pero entre tanta peladera de diente pa la foto y la "selfie", donde me llevé el podio, me desconcentré del oficio y ahora, en esta circunstancia, veía que iba directo a la boca del lobo; recordaba que eran 12 subiendo y 12 bajando y con esa información empecé a regular mi carrera.

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El amanecer estaba musicalizado por el canto de un ave que siempre oímos en tierra caliente y que los abuelos relacionan con este tararear: "Dios te dé" y que se oye en abundancia por los bosques húmedos (había llovido toda la noche) de las faldas y cañones selváticos y reverdecidos que componen los magestuosos y altísimos Farallones de Cali. (Su pico más alto está a 4.280 m.s.n.m.)

Ya el año pasado había corrido los 42 kilómetros, y según ví, la carrera no había variado mucho la ruta, por lo tanto, recordaba que había dos cerros para subir.

La Vorágine es una vereda del municipio de Pance, que limita con el parque y reserva natural Los Farallones de Cali. Su altura es de 1.200 m.s.n.m y el primer reto que tenía era llegar al "Pico Trueno", a 9 kilómetros de distancia y un desnivel positivo de 650 metros, reto que asumí como todo un "trail runner de 40". Al salir de ahí, habiendo saludado al cuerpo del Ejército que estaba con nosotros velando por nuestra seguridad, ataqué con todo lo que tenía los siguientes 3 kilómetros, que las matemáticas dirían que, si corro en promedio a 6 minutos el kilómetro, debería pasar por ese dolor en 18 minutos, lo cual no fue cierto, pues de los 3 restantes, un kilómetro fue bajando y los siguientes dos fueron subiendo hasta 2250 m.s.n.m a "Pico San Pablo" con un desnivel positivo de 450 metros bestiales en ¡2 kilómetros!. Era una pared, dije todos los madrazos completos que me sé, me demoré 42 minutos.

Al llegar a la cumbre inicié la bajada, vertiginosa, con resbalones en el barro que estallaron mis cuádriceps y encalambraron mis gemelos, haciendo disminuir considerablemente el ritmo de carrera, perdiendo como siete posiciones dentro de la general, entendiendo que esta vez no habría podio pal viejito. Me mantenía vivo el saber que "el Terminator de mercurio" que me había desplazado a la 4ta casilla en la carrera de PacifiK Trail, lo había pasado antes de Pico San Pablo y no había rastros de él y que no me iba a dejar pasar. Apreté la velocidad con todo lo que tenía, con mucha dificultad me sostuve a seis minutos treinta segundos el kilómetro, el reloj apuntaba el kilómetro 20, rogaba pa que se acabara, tenía mucho dolor en los gemelos, llegué a un puesto de avituallamiento y me dijeron eso que sabes que te van a decir y no quieres oir, "hágale, ya está llegando, le faltan 5 kilómetros", ¿Cómo?, ¿No eran pues 21? Eso no da... pero como andaba tomando fotos...

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Llegué al carreteable, era en asfalto, los calambres se intensificaron, troté por la berma que tenía pastico, últimos 300 metros, había que bajar y cruzar el río Pance, lo quise hacer rápido y me agarró un calambre que me frenó...

Dani Caribe Atómico (Daniel Rojas)

K42 Campeonato Nacional de Trail en Cali 2017: distancia 25 kilómetros.
1600 metros de desnivel positivo total.
6to puesto en la categoría.
Puesto 26 en la general, de 300 corredores.
3 horas 42 minutos de competencia.


Tagged under: historias

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