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Corrí, sentí morir y reviví - Franklin Aristizabal

Desde muy pequeño me encanté por el futbol, no sé cuál fue mi pasión, en sí por el cual tome jugar al futbol. Pero un día cuando ya pasaba más de mis 12 años de edad hubo una prueba atlética en mi colegio la cual me pareció divertido participar para salir de un tiempo de estrés por las clases. Antes de comenzar sentía un nerviosismo extraño en mi cuerpo… la demora fue que pitaran que salí corriendo no recuerdo que tanto kilometraje era, de lo que si me acuerdo es que cada vez sentía el cansancio, y era tan frustrante no poder correr más rápido que sentía que me desmallaba al no llegar rápido a la meta, cuando llegué, estar contento porque crucé la meta pesar que quede entre los últimos puestos de la competencia, y fue allí que comencé a comprender que ver en ocasiones personas correr no era nada fácil. Al siguiente año volví y corrí, y quedé en las últimas posiciones, pero me llamó mucha la atención que un niño menor que yo ganaba siempre, y llegaba con tanta frialdad a la meta, y yo todo demacrado, en fin cara como de “muerto”. Esto me llevo por un tiempo a reflexionar que este chico de pronto entrenaba para ser tan bueno y no cansarse con facilidad.

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Bueno durante un tiempo seguí en mundo del futbol y cada vez que corría detrás del balón me agitaba rápido, como si mi corazón se quisiera salir, pues me ardía, en ocasiones no le prestaba atención, y era tan rotundo que me obligaba el dolor a sentarme; quiero expresar que para esta época ya contaba con 16 años.

Entre tanto juego y peloteo, llego en el colegio la famosa carrera que tres años atrás había comenzado a correr, para lo cual el futbol me había dotado una gran capacidad aeróbica, por lo cual cuando sonó el pitazo inicial, comencé a correr despacio, a ritmo moderado, durante muchas ocasiones en esa competencia sentí que el corazón se quería escabullir de la concentración pecho pero con la concentración que llevaba comencé a correr a un rimo más fuerte hasta alcanzar aquel rival que 4 años atrás había ganado con facilidad. Logré pasarlo hasta llegar victorioso a la meta, no pudiendo celebrar por que caí del cansancio, y esfuerzo brutal que había hecho para ganarle al mejor atleta que tenía el Caquetá en esa época, y por supuesto en la categoría menores.

Fue en ese instante que mi profesor de educación física fue incentivándome para que dejara de un lado el futbol y me dedicara a correr fue allí donde al mismo año en los juegos intercolegiados logré quedar de tercero, porque siendo un futbolista, corrí con más de 10 atletas de liga, entrenados para correr, y logré ganarme una plaza en el pódium, era fascinante tanto para mí como para mi profesor. Varios dirigentes de la liga quedaron sorprendidos de la capacidad aeróbica que un flaquito de aproximadamente 1.50 metros de estatura y 40 kg de peso pudiera ser tan resistente a los demás deportistas, atletas por cierto. Y fue desde este momento que comencé a entrenar solo para poder correr en los juegos intercolegiados, en representación de mi institución.

Para los 17 años de edad ingresé a la liga de atletismo dejando de lado el futbol por completo, y llenando mi vida solo a correr…

Entre varias competencias a las que he participado la que más recuerdo es aquella que viví el 28 de noviembre del año 2014, a las 9:00 a.m en los juegos de la Orinoquia y amazonia, en la ciudad de Leticia –Amazonas.

Ya con la experiencia de haber corrido, y sin sentir las cosquillas que se sentían en las primeras competencias de mi vida, volví a sentir aquella novatada que concebía cuando corrí con aquel atleta que todos los años ganaba la prestigiosa prueba atlética en mi colegio. Era una mañana muy calurosa donde el clima oscilaba entre 38°c a 40°c, donde en el lote un joven del putumayo sale a mandar la carrera, y es ahí donde recuerdo más de 8 años transcurridos que debía salir a no dejar que se marchara o por lo contrario me ganaba.

Corríamos ambos hombro a hombro, pero entre más duro corría, me sentía fatigado, cansado y que la respiración no era suficiente dentro de mi cuerpo. Ya mi contrincante era cada vez vencedor y yo tan solo un luchado pero para no abandonar la carrera, sentía que esos 10k, de carrera eran infinitos, de lo único que me acordaba mientras corría era de mi familia, y de mis compañeros de entrenamiento, que esperaban una medalla con ansias mientras llegaba a mi pueblo, pero hubo un momento que el clima era tan húmedo que no podía respirar, sin mentir, pare dos o tres veces, es que es tan trágico que no recuerdo, mientras que paraba para tomar aire, me pasó otros de mis contrincantes, para lo cual ya estaba en la tercera posición, y venia otro por mí. Fue allí donde sin tener respiración, corrí, ni recuerdo si llevaba buena técnica o no, pero de lo único que recuerdo, fue cuando sentía que algo me dolía en un brazo…
Al abrir los ojos estaba en un hospital todo canalizado, todo mundo me aplaudía, porque había hecho una Azaña, yo del susto no entendía nada, ya con 20 años de edad, lo único que pude hacer en el instante era llorar, porque no entendía nada, solo recuerdo que sentía que estuviera en otro mundo porque no me podía mover bien, como si estuviera muerto, o que se yo. Minutos después me mostraron un video donde faltando escasos 5 metros para la meta caí al piso rendido, ya no sentía ni las piernas ni el resto de mi cuerpo, la gente se acercó para auxiliarme pero el delegado de mi equipo me habló, en realidad no recuerdo, que muestra el video es que todo mareado me levanto paso la meta y vuelvo a caer. En este instante mientras me recuperaba uno de mis compañeros hacia reclamo a la medalla que con esfuerzo pude alcanzar.

En realidad esa carrera fue toda una odisea, lo cual me hace recordar que correr te hace una persona muy fuerte, tanto que mi madre me lo expresó, ya que nunca me dijo el problema que padecía cuando era pequeño, donde con su voz me expresa que los médicos me diagnosticaban 13 años de vida, y nunca me lo dijo porque de pronto eso hacía que falleciera. No entendía que me hablaba, y ella me dijo que era un soplo en el corazón. Esto hizo que yo pudiera devolver mi pasado y relacionarlo con los dolores en el pecho que me daban mientras jugaba futbol o corría, y hasta el desmayo que tuve en Leticia – Amazonas.

Para finalizar quiero expresar, gracias al atletismo que me inculcó mi maestro de educación física, soy una persona muy sana, sin problemas del corazón u otro que me aqueje y por ende uno de los mejores corredores que en el momento tiene el departamento del Caquetá, y por supuesto feliz de practicar el deporte más bello del mundo, no de manera elite pero si como un estilo de vida, demostrando que podemos lograr, por medio de odiseas, grandes cosas para nuestra propia salud, como logré. Gracias a mi madre no morí si me hubiese contando el problema.

Franklin Aristizabal

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